Ya
no hay canto que anuncie el amanecer,
solo el bramido de un mar de fuego.
El alba no tiñe el cielo de colores,
el horizonte es una única brasa.
En vano intenta refrescar el rocío,
se evapora antes de besar la tierra.
Ya no huele a tierra verde y viva,
el aire es el luto de un mundo en cenizas.
No susurran las hojas en la noche,
truena el furor de lenguas carmesíes.
Un mar de fuego consume el monte,
y ni un océano de lágrimas podría sofocarlo.
El Médano, 15 de agosto de 2025

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